Masonería y Mujeres

Mundo sustentado por manos
En defensa de la política
5 mayo, 2018
Pintura mujer masona

Pintura mujer masona

Masonería y Mujeres
Yolanda Alba
A lo largo del devenir histórico, a las mujeres -la mitad del Cielo como las describía Mao-, es decir, a media Humanidad, se les negó el derecho a la Libertad en toda su extensión. Y ellas lucharon por reconquistar sus derechos violados, se fueron imponiendo para que su voz fuera escuchada y sus pensamientos respetados. Fueron descorriendo el velo de la ignorancia y la esclavitud, abriendo un sendero de luz hacia la Libertad plena. Contradictoriamente, por muchos siglos consideradas la mitad esencial de la Iluminación espiritual, estuvieron y todavía están ausentes de las jerarquías de casi todos los templos del mundo. Se suele suponer históricamente que la imagen cultural del padre se produjo “hace alrededor de 8.000 años” (Gérard Mendel, 1968). Sería el comienzo de los grandes sistemas patriarcales, el nuevo orden mundial al que acompaña el cambio de sexo de todas las divinidades primigenias; hasta entonces no habrían existido sacerdotes ni dioses sino solamente una diosa universal y sus sacerdotisas. El Patriarcado se basa en la negación de la autoridad espiritual de las mujeres y la negación de la divinidad femenina. Existe una relación entre la posición históricamente inferior de las mujeres y la desaparición de la diosa, del mismo modo que hay un paralelismo entre el papel dominante de los hombres y el monoteísmo (masculino).
Cuando el lado femenino de la Humanidad comienza a hacerse notar en las Ciencias, las Artes y el Pensamiento es precisamente a partir del siglo XVIII (independencia de América, Revolución Francesa, Ilustración). A partir de ese momento histórico, desencadenante del pensamiento liberal, es cuando nombres femeninos comienzan a aparecer en ámbitos hasta entonces vedados, irrumpen con fuerza -y a regañadientes- y muchos varones tienen que reconocer su valía. La corriente feminista brota en Francia con impulso tal que llega a inundar los campos de la Franc-masonería, en la cual aparecen inteligentes, activos y denodados partidarios del reconocimiento de los derechos a la mujer para que, por propios merecimientos, pueda entrar con plenitud de derechos en los templos masónicos (Descartes, Condorcet). Estábamos ante uno de los momentos históricos más importantes para el futuro de la Humanidad. Estaba germinando otra revolución que trastocaría el orden social hasta entonces establecido: la emancipación de las mujeres. Por todo ello es muy natural que, dentro de todo este auge de conocimientos, a las mujeres les interesara la Masonería por sus principios fundamentales: las Igualdad-Libertad-Fraternidad, el Librepensamiento y la negación de cualquier dogma (entre otros). La Ars Structoria, el Arte de la Construcción -siempre siguiendo el ritmo de la evolución social, jurídica y política- había contribuido a lo largo de los siglos a simbolizar a la vez que a potenciar la democratización. Desde el siglo XIV existían ya en la Masonerìa Operativa maestras y obreras de los gremios, tal y como la historiografía está constatando. A principios del siglo XVIII -el de la Libertad y la Luz- las logias se abrieron, asimismo, a otros obrer@s que no eran albañiles o del oficio de la construcción. En Francia, desde 1740, algunas logias comenzaron a iniciar a las mujeres en tanto que miembros (y no hay que olvidar tampoco que al principio del siglo las mujeres poseían en la mayor parte de Europa el mismo estatuto que una criatura menor). La Masonería moderna o Especulativa se extendió por todo el continente europeo. Y, en el siglo XIX, se abriría una profunda fisura en ella cuando muchas logias de Europa dejaron de exigir una creencia religiosa, a los posibles candidatos a la iniciación, y abrieron sus templos a personas de cualquier concepción religiosa (ateos y agnósticos inclusive). En el siglo XX, la evolución no se detuvo y se reconoció a las mujeres su derecho a ser masonas en pie
de igualdad. Al igual que entonces, es tiempo ya, en el siglo XXI, de rehacer y reescribir la realidad histórica de la pertenencia de las mujeres a las logias y afrontar, sin restricciones, el papel importante que representaron en la Orden.
En el último cuarto del siglo XIX, el Feminismo, la Masonería, el Librepensamiento y los positivistas, los krausistas de la Institución Libre de Enseñanza y el espiritismo, constituían un sector sociocultural del que era difícil establecer sus fronteras interiores, frecuentemente existía ósmosis entre todas estas tendencias que, por lo demás, tenían respuestas comunes ante los mismos estímulos. En España, los temas de la educación de las niñas y las escuelas laicas serán el caballo de batalla de todas estas mujeres, que lucharán por la emancipación de la mujer en todos los campos y con todas las armas a su alcance. Rosario de Acuña (la Hermana Hipatía) -una de nuestras feministas históricas- ya reivindicaba, en bien de la Humanidad entera, no sólo la igualdad jurídica entre hombres y mujeres sino algo más profundo que parte del género masculino se niega todavía hoy a aceptar: el desmoronamiento de la sociedad patriarcal. Abogó siempre por una sociedad democrática y laica -donde se respetan y conviven todas las creencias y religiones-. Y como ella: Belèn Sàrraga, Concepción Arenal -como miembro de la dirección del Ateneo Artístico y Literario había sido una de las impulsoras de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, relacionada con los krausistas de la Institución Libre de Enseñanza-, Angels López de Ayala, Carmen de Burgos, Consuelo Vergès, Clara Campoamor y tantas màs…
Hoy, en el siglo XXI, la constante y creciente incorporación de mujeres, de todas las edades, que llaman a la puerta de las Logias pidiendo su ingreso y participación, lo hacen también perplejas ante la realidad de los llamados Masones Regulares -o de tradición escocesa-, que las excluyen paradójica y contradictoriamente con respecto a sus inviolables, aceptados y decretados principios de Igualdad y Fraternidad. Ello supone, de facto, una inequidad antidemocrática y un anquilosamiento pétreo que denota, precisamente, un aferramiento al anti-Progreso de la Humanidad -objetivo de la Orden-. Recordemos que, desde el siglo anterior, el valor de la Igualdad entre las personas de distinto sexo -no solo la igualdad de oportunidades entre ambas- ya forma parte del imaginario social, legal y político, e incluso el concepto de Diversidad alcanza ya a extenderse en las prácticas políticas, sociológicas y demográficas. Sí, es la Masonería Mixta -no excluyente, liberal y de tradición francesa- la que comprende mejor nuestro tiempo presente. Pero si ambos grupos -escoceses y franceses- rechazan el dogma, ¿por qué no se combate con fiereza ese supra-dogma del sistema social perverso, no-igualitario, llamado Patriarcado? ¿Desde qué conciencia, racionalidad, ideología o imaginario o escuela teórica?
Si la Tolerantia -otro de los principios de la Orden- es respeto y consideración hacia opiniones y/o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras, entonces, en esa lógica, no sería respetable el machismo (ergo el Patriarcado) como sistema desigual y opresor que es por definición y que ha sido el preponderante a lo largo de la historia. Ademàs hoy, urbi et orbi, está aceptado que el principal descubrimiento de los últimos tiempos, el que más ha impactado a la sociedad occidental y el que más está transformando los usos y costumbres, es, sin duda alguna, la emancipación de las mujeres como personas libres y, por ende, su igualdad -desde la diferencia- con respecto a los hombres. Una de las revoluciones que contribuyeron al Progreso de la Humanidad en el siglo pasado ha sido, sin duda, el logro social de la equidad de derechos y deberes de mujeres y hombres, derechos que a ellas se les limitaron durante mucho tiempo -sin cantar victoria por completo pues aún en muchos lugares del mundo se somete al género femenino a bárbaras discriminaciones-.
Hoy las masonas, mujeres librepensadoras, presentes en todos los continentes de la Madre Tierra, representan, sin duda, la reivindicación de la disidencia como emanación de un espíritu libre: siguen la estela de las valientes herejes, sanadoras y sabias, ocultistas, brujas irreverentes e iniciáticas, constructoras de un mundo nuevo, artesanas del cambio, pioneras, progresistas, feministas siempre, heroínas, cuya doble osadía, el pensar y vivir libremente y el atreverse a hacerlo, finalizó -en muchísimas ocasiones y en todas las culturas y civilizaciones- con la muerte a manos de los intolerantes. Todas ellas hijas de la Matria, que es un lugar por construir que proviene de nuestra pertenencia a la Tierra, carece de fronteras y se puede edificar en cualquier lugar, pues nace del anhelo de crear un mundo distinto. De-constructoras a la postre de arcaicas y oprimentes estructuras que las encorsetaban en roles predefinidos.