La Institución Libre de Enseñanza

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Dicen que ese día de invierno de 1885 en la provincia de León hacía mucho frío. La diligencia que conducía a Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Manuel Bartolomé Cossío, recorría despacio y a duras penas un mar de nieve y hielo rodeado de montañas, camino de su destino en el Valle de Laciana, valle perdido de gente adusta, mirada lánguida y sonrisa escasa. Allí, en su capital, Villablino, en la oscura casa solariega de piedra vieja y blasón honrado les aguarda Francisco Fernández-Blanco y Sierra-Pambley, hombre rico de familia rica, liberal de pro como su padre y su abuelo lo habían sido.

Todos ellos tienen una cita, un proyecto en común que abordar, decidir y llevar a cabo. Fruto de esa cita nacía la Fundación Sierra-Pambley, denominación leonesa y zamorana de la Institución Libre de Enseñanza y de ella las cinco escuelas que la Fundación crea entre 1886 y 1903 en ambas provincias. La primera de ellas, la Escuela de Enseñanza Mercantil y Agrícola de Villablino. Las siguientes en Hospital de Órbigo, Villameca, Morezuela y León, todas ellas gratuitas al igual que el material escolar. Nace también en 1921 la Biblioteca Azcárate.

La ILE había sido fundada años atrás, concretamente en 1876 por un grupo de intelectuales, catedráticos represaliados de la Universidad Central de Madrid (Gumersindo de Azcárate, Nicolás Salmerón, Teodoro Sainz Rueda y Francisco Giner de los Ríos) que, en defensa de la libertad de cátedra se habían negado a la aceptación de dogmas religiosos, políticos o éticos en su método docente.

La ILE se funda como centro privado de educación primeramente universitaria, posteriormente primaria y secundaria, en el que se ponen en práctica todas las ideas reformadoras que la enseñanza oficial no quiere tolerar, inspirándose en el krausismo en su versión hispana de Sainz del Río y su idea de libertad aplicable en todos los ámbitos de la esfera humana, libertad considerada desde un punto de vista individual y social.
Para los Krausistas, la libertad es un don irrenunciable fundamentado en la conciencia interior del hombre, en intrínseca relación con el sentido moral del deber. Ello se traduce desde un punto de vista docente en libertad de cátedra y libertad del alumno.

La preocupación máxima de la ILE, de Giner, fue en todo momento el ideal de la educación del hombre por el hombre, desarrollando sus propias aptitudes y capacidades. Formar hombres libres, el “hombre nuevo” y el “hombre interior”, que transformen la sociedad desde abajo con la educación, no con la revolución que considera imposible. Creando una nueva España, abierta y tolerante, europeísta, integradora en la diversidad. Es la educación del pueblo, integral y auténtica, la que hará que España salga de la ignorancia, el absolutismo y el retraso. Lejos de cualquier dogmatismo, religioso o político, tolerante, pensado por y para la libertad y la democracia. La educación para la vida.
Todo ello se intentará lograr a través de unos métodos pedagógicos modernos:

1.- Educación e Instrucción:
No hay que instruir al alumno en la acumulación memorística de conocimientos, sino ayudar a su formación como persona libre por medio de una formación conveniente y adecuada, inculcando normas y criterios para ser un buen ciudadano en la sociedad en que vive.

2.- Educación Activa:
Hay que motivar al alumno mediante el método socrático a través de la invitación a que desarrolle la espontaneidad y la creatividad, creando un sujeto investigador, reflexivo, pensante por sí mismo, que dude, que desarrolle su espíritu.

3.- Educación Integral:
Formación de un hombre armónico que desarrolle en plenitud el espíritu y el cuerpo, la razón, el sentimiento, la voluntad, el carácter, el sentido estético y moral de la vida, lo que los Krausistas llaman “ideal de humanidad”.

4.- Educación en Libertad:
Desaparición de métodos coercitivos como el castigo. La libertad del alumno conlleva la responsabilidad de sus propios actos.

5.- Educación neutra
La ILE defiende la secularización de la enseñanza en contra de la educación dogmática y confesional de la época. Tolerancia es la máxima de Giner de los Ríos ajena a la confesionalidad de cualquier religión. A través de la tolerancia podrá ponerse la base para la convivencia española: enseñanza laica pero sin caer tampoco en el anticlericalismo sectario.

6.- Coeducación – Educación Mixta.
Los Institucionistas se convierten en partidarios acérrimos de la educación de la mujer y su evolución social, defendiendo la educación mixta como principio fundamental del régimen escolar.

7.- Familia y Educación.
La ILE no es una alternativa a la educación del niño en el seno de su familia, es un complemento.

El artículo 15 de los Estatutos de la I.L.E. aprobados en 1876 decía lo siguiente:

“La I.L.E. es completamente ajena a todo espíritu de interés de comunión religiosa, escuela filosófica o partido político, proclamando tan solo el principio de libertad e inviolabilidad de la ciencia y de la consiguiente independencia de su indagación y exposición respecto de cualquier otra autoridad que la de la propia conciencia del profesor, único responsable de sus doctrinas.”

El influjo masónico sobre la ILE arranca propiamente de la misma filosofía de Krause para el cual la finalidad de la masonería consistía en alentar en los hombres lo “puramente humano”. A las etapas de la masonería operativa y especulativa debería seguir una tercera en la que la idea de lo “puramente humano” se hiciese consciente transformando la Hermandad Masónica en una “Alianza de la Humanidad” abierta a todo ser humano.

Para Krause la idea de una educación armónica y universalista resultaba específica de la orden masónica.

Igualmente la ILE recibe el influjo de la masonería liberal y adogmática continental, francesa y belga, imbuidas en la laicidad beligerante, si bien Giner y los Institucionistas siempre entenderán la laicidad en un sentido respetuoso y tolerante.
La relación de la ILE con la masonería española del siglo XIX será estrecha y profunda. Numerosos institucionistas ingresarán y pertenecerán a la orden: Melquíades Álvarez, el Marqués de Santa María y el Vizconde de la Torre, Jiménez de Asúa, Fernández de los Ríos, Segismundo Moret, Álvaro Albornoz, Salmerón o Antonio Machado, alcanzando muchos de ellos altas dignidades en el Gran oriente Español.

Por las aulas de la ILE desfilarán hasta 1936 cientos de alumnos que adquirirán la formación liberal y adogmática ideada por Giner: Manuel Azaña, Julián Besteiro, Antonio Machado, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Unamuno, Lorca, Joaquín Costa, Leopoldo Alas Clarín, Azorín, Juan Ramón Jiménez, Ramón Pérez de Ayala, Ortega y Gasset, Marañón, Madariaga, Américo Castro, son parte de los antiguos alumnos de la Institución, parte fundamental todos ellos de la Historia de este país y muchos de la Cultura Universal.

La Institución influye de manera directa en la Sociedad Española de finales del Siglo XIX y principios del XX, no pudiéndose entender España ni su evolución política, cultural y social sin la existencia e influencia de la ILE y de su incansable fundador y alma, Francisco Giner de los Ríos, convirtiéndose en el centro neurálgico de toda una época.

El Gobierno de Francisco Franco proscribe en 1936 la Institución Libre de Enseñanza incautándose de todos sus bienes y desatando una persecución cruel e implacable.

Lo mismo ocurre con todos los organismos e instituciones hermanas, entre ellas la Fundación Sierra-Pambley.
El 10 de diciembre de 1936 el BOE publica una circular que decía:

“Es necesario garantizar a los españoles, que con las armas en la mano y sin regateos de sacrificios y sangre salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar a los envenenadores del alma popular, primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo y han sembrado el duelo en la mayoría de los hogares honrados de España. No compete a las comisiones depuradoras el aplicar las penas que los Códigos señalan a los autores por inducción, por estar reservada esta facultad a los Tribunales de Justicia, pero sí proponer la separación inexorable de sus funciones magistrales de cuantos directa o indirectamente han contribuido a sostener y propagar los partidos, ideario e instituciones del llamado Frente Popular. Los individuos que integran esas hordas revolucionarias, cuyos desmanes tanto espanto causan, son sencillamente hijos espirituales de catedráticos y profesores que, a través de instituciones como la llamada Libre de Enseñanza, forjaron generaciones incrédulas y anárquicas. Si se quiere hacer fructífera la sangre de nuestros mártires es preciso combatir resueltamente el sistema seguido desde hace más de un siglo de honrar y enaltecer a los inspiradores del mal”

El autor era José Mª Pemán.

Tras la entrada en vigor de la CE de 1978 los bienes de la ILE, así como los de la Fundación Sierra-Pambley retornaron a sus primitivos y legítimos fundadores.

Hoy en día, en el pueblo leonés de Villablino de Laciana, se yergue altiva la Casa solariega de la familia Sierra-Pambley. A su lado continúa en funcionamiento el edificio que alberga la Fundación y las aulas de educación primaria y secundaria de la ILE. Actualmente la Fundación mantiene sus actividades docentes a través de diversos convenios con la Universidad Carlos III y el Colegio Estudio de Madrid como Escuela de Verano.

Hace poco más de una semana que el Museo de la Fundación sito en la otra casa solariega de los Sierra-Pambley en la ciudad de León, justo enfrente de la excelsa catedral gótica, ha albergado una exposición fotográfica de la ILE y de sus sedes y actividades en toda España.

Cuentan que en el Valle de Laciana el analfabetismo se encontraba prácticamente erradicado en el último tercio del siglo XIX, merced a la labor que se llevó a cabo por parte de la F.S-P y la ILE y que la comarca evolucionó desde una economía agraria de subsistencia a una incipiente industria lechera y de fabricación de mantequilla, queso y otros productos lácteos que las enseñanzas de los profesores de la Escuela Mercantil y Agrícola de la Fundación impartían, teórica y prácticamente, importando las técnicas francesas y suizas de explotación agraria. Los nombres de esos profesores serán todavía recordados por las gentes del valle.

Cuentan que muchos de esos hombres y mujeres instruidos en la Institución viajaron a Madrid y Barcelona y que merced a su esfuerzo y trabajo levantaron negocios que fueron prósperos y que se fundamentaron en los principios del respeto y la honradez, porque quienes los crearon y gestionaron nunca olvidaron las enseñanzas que habían adquirido en aquellas paredes de piedra vieja.

Uno de los profesores de aquellas escuelas fue mi bisabuelo. Uno de sus alumnos mi abuelo, que viajó a Madrid y trabajó en las industrias familiares.

Del legado de ambos se impregnó la educación que yo recibí en mi casa: respeto, tolerancia y progreso son palabras que oí siempre en boca de mi abuelo. Por ello, en gran medida, soy masón.

Pese a que el sistema educativo de la ILE finalizó bruscamente en 1936, su labor docente no murió con ella. Las generaciones de institucionistas que salieron de sus aulas influyeron de un modo intenso e imperecedero en la manera de ser de una parte muy importante de la sociedad española, transmitiendo los valores y principios de la Institución a las generaciones futuras.

Y ello a pesar de los enconados intentos de acabar con sus ideas de libertad.

Sería de recibo el que la sociedad española rindiera cumplido y público homenaje a quienes difundieron los ideales de la libertad, igualdad, progreso, tolerancia y modernidad hace ya tantos años.

Pilar