La Iniciación en las Distintas Tradiciones

Damero, compas, escuadra, martillo y cincel
El Método Masónico
5 mayo, 2018
Rabbi Hillel
Hermenéutica
5 mayo, 2018
Litografía pase bajo venda iniciación masonica

Litografía pase bajo venda iniciación masonica

La iniciación en las distintas tradiciones

En todos los lugares y tiempos ha habido personas que han intuido la existencia de unos estadios de conocimiento de sí mismos y del Universo más elevados que los comúnmente conocidos y han explorado caminos en busca de otras dimensiones de la existencia. Para cubrir esta necesidad humana de trascendencia han surgido a lo largo de la historia distintas doctrinas y escuelas de realización del ser-hombre a través del proceso iniciático. La Iniciación es por tanto de carácter universal, trasciende todo sectarismo, confesión o dogma particular.

Muchos de los ritos de iniciación de las antiguas tradiciones jamás han sido revelados, y solo conocemos de ellos lo que nos han aportado los restos arqueológicos y literarios. Esto nos resta capacidad para juzgar la eficacia de estas iniciaciones tradicionales, pero podemos en todo caso afirmar que todas ellas proclamaban la intención y reivindicaban el poder de transmutar la existencia humana.

Me propongo en esta plancha poner de manifiesto el paralelismo de las distintas tradiciones iniciáticas, señalar aquellas cuestiones que las diferencian y los puntos comunes con la iniciación masónica.

Para completar esta introducción resulta imprescindible efectuar una aclaración importante: puesto que el espacio para esta exposición es breve, me voy a referir únicamente a la tradición iniciática en occidente, si bien lo que aquí se expone tiene perfecta generalidad y es aplicable a todas las formas tradicionales genuinas, tanto las de Oriente como las de Occidente.

La mayoría de las tradiciones anteriores al cristianismo tenían una componente iniciática, que era consustancial a su carácter de religiones de salvación. Desde esta óptica adquieren especial relevancia las religiones de los misterios, como los Misterios Egipcios, los Misterios de Eleusis, los Misterios de Mitra, el Pitagorismo o la Comunidad de los Esenios. La tradición más cercana a nosotros, el Cristianismo, es una de las tres ramas de la tradición abrahámica. Las otras dos ramas son el Islam y el Judaísmo.

Algunas de estas tradiciones tuvieron una manifestación exotérica de amplia difusión y otras casi se limitaron a su dimensión esotérica. Esoterismo y exoterismo, presentes en todas ellas son dos caras inseparables de una misma moneda: lo interno y lo externo, lo reservado y lo accesible, lo minoritario y lo público. Fijémonos, por ejemplo en las tradiciones abrahámicas: el interior, el aspecto místico del judaísmo es la kabbalah. El trabajo del cabalista nos recuerda mucho al trabajo del masón. El cabalista persigue no solo el desarrollo individual, sino que también se esfuerza por el crecimiento de la humanidad siendo sus recursos la habilidad en la vida práctica, la solidez psicológica y la claridad espiritual. El esoterismo islámico reside en la tradición sufí. El sufismo se remonta a tiempos muy anteriores al Islam y sus miembros eran personas educadas en los valores de la rectitud y la integridad. En cuanto al cristianismo, ha sido quizá dentro de la tradición abrahámica, aquella en la que los elementos iniciáticos han resultado más evidentes y, sin embargo, es aquella que hoy parece tenerlos más olvidados.

Finalmente, una pequeña referencia a la tradición alquímica, cuyo fundamento teórico algunos sostienen que se encuentra en la Tabla Esmeralda, un breve texto atribuido a Hermes Trimegisto. La Alquimia no habla, en general, en sus textos de la unión con Dios o expresiones semejantes sino del restablecimiento de la “nobleza” primitiva de la naturaleza humana. Dentro de la Obra Alquímica hay tres piedras o tres trabajos o tres grados de perfección: Obra al Negro, Obra al Blanco y Obra al Rojo, que no son otra cosa que etapas del camino iniciático. La tercera piedra, aparece cuando el sujeto ha fermentado y ha alcanzado la perfección final, es la Piedra Filosofal.

Todas las iniciaciones hablan de un objeto perdido u oculto –en ocasiones de una palabra-, que debe ser buscado para reintegrar al buscador y al cosmos, a su pureza original. Quizá sobre el que más se ha escrito sea el Grial, símbolo de la tradición cristiana. La búsqueda del Grial recibía el nombre de Demanda y participar en ella era uno de los propósitos de los caballeros templarios. Desde el punto de vista simbólico, el caballero es el espíritu que prevalece sobre la materia, la cabalgadura. El ideal caballeresco, ligado al camino espiritual, es introducido en la cristiandad por las órdenes militares que entran en contacto con la tradición islámica. La tradición de la caballería incluía el respeto a los demás, el sacrificio del yo, la devoción, la ayuda a los débiles y desvalidos, la amabilidad hacia todo lo creado, el mantenimiento de la palabra, cualidades todas ellas que después emergerían como los nobles atributos del hombre perfecto, desde el punto de vista del sufismo.

Los paralelismos de la Tradición del Grial con la Tradición hermética son evidentes. Tanto el Grial como la Piedra Filosofal se nos presentan como símbolos de la energía divina que nos permiten recuperar la unidad perdida.
Un elemento esencial del proceso iniciático es el ritual, conjunto de símbolos en acción, que tiene por meta poner al ser humano en relación, directa o indirectamente, con una realidad que sobrepasa su individualidad. Los rituales de las distintas iniciaciones pueden ser muy diferentes, pero en la mayor parte de ellas se repiten, bajo formas muy diversas, una serie de ritos que, por una parte, reproducen la cosmogonía propia de la organización iniciática y, por otra, resumen y llenan de sentido todo el proceso seguido por el candidato.

Parte importante del ritual es el silencio. Todas las tradiciones imponen el silencio al iniciado. Al aspirante le son comunicadas doctrinas y disciplinas que debe guardar bajo juramento solemne únicamente para sí mismo. Guardar silencio es uno de los más solemnes juramentos que el candidato debe prestar. Existen motivos tanto internos como externos para ello. En la medida en que el secreto forma parte del ritual, él mismo es un rito que continúa operando mientras se mantiene. Por otra parte, revelar a los profanos los rituales de una orden iniciática los debilita, les hace perder su fuerza hasta la trivialización. Antes morir que hablar, era uno de los aforismos preferidos de Pitágoras.
En algunas Ordenes Iniciáticas se comunican también signos de reconocimiento para los miembros iniciados. Esto es así porque debido a la intolerancia religiosa muchas veces los iniciados han perecido o sufrido graves males causados por el fanatismo.

Los antiguos cultos anteriores a nuestra era, resultaban accesibles tanto a hombres como a mujeres. El único que las excluía era el mitraísmo, que era casi exclusivamente un culto secreto reservado a los soldados.

Destaca en todas las enseñanzas iniciáticas la gran importancia de la simbología. Todo gesto tiene un sentido para el iniciado que pasa desapercibido para el profano.

Uno de los símbolos fundamentales en toda tradición es el templo. La propia arquitectura del templo le confiere al espacio un sentido arquetípico, de forma que el espacio caótico se transforma en cosmos, en orden. Dentro del templo los conceptos de tiempo y espacio adquieren una significación distinta. Lo que sucede en el templo está antes y después del tiempo.

También es común la existencia de grados. Las iniciaciones son graduales y progresivas, completándose en distintos niveles cuyo número varía según la tradición y que generalmente demandan años: siete grados de iniciación en el mitraísmo; tres grados en la escuela pitagórica; también en las primeras comunidades cristianas se diferencian tres grados que presuponen un aprendizaje iniciático: los incipientes, los proficientes y los perfectos.

Los esenios, vivían en comunidades y realizaban aplomaciones, el candidato que deseaba entrar en la comunidad era examinado en lo referente a su inteligencia y a sus obras.

Los pitagóricos daban importancia a su actividad profana. Tuvieron una intensa actividad política. La sociedad pitagórica se apoyaba en profundos lazos de fraternidad que permitían al iniciado, convenientemente identificado mediante un signo de reconocimiento, ser acogido por cualquier hermano de cualquier país.

Como puede observarse, la iniciación masónica tiene mucho en común con la de las antiguas tradiciones, tanto en el fondo, como proceso que tiende a comprometer la vida total del individuo, transformándolo en un buscador de su propia realización integral, como en la forma. Existen ramas de la masonería con inclinaciones esotéricas y otras que se decantan más por la asepsia de la espiritualidad humanística, pero todas ellas eligen la ética como paradigma de vida. La entrada en el camino masónico, tenga un cariz más espiritual o más laico, requiere en cualquier caso una iniciación que tiene el mismo sentido que el acceso a los antiguos caminos, la utilización de dos herramientas que son: el respeto a un rito y el trabajo sobre símbolos.

Isabel