El Método Masónico

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El método masonico

Si tuviéramos que elegir un concepto que definiera o sintetizara la cualidad de masón, sería, para mi, la de filósofo. Filósofo en el sentido clásico –no académico – del término. Amante, buscador de la verdad. Sin embargo, no es en la cualidad del masón en lo que quiero centrarme, sino en el MÉTODO que esta “Escuela de filosofía”, o de “ciudadanía” – en un sentido integral, global – utiliza para lograr sus objetivos : formar ciudadanos libres, conscientes, responsables y comprometidos con la sociedad y – no lo obviemos nunca – también consigo mismos.
Otra metáfora apropiada es la del viaje: el masón es, también, un navegantes; y aunque sólo hay una Itaca, son muchos los caminos que conducen a ella.

Algunos autores han llegado a decir que la Masonería no es una religión, ni una filosofía, sino un método. Método que no es una simple “técnica”, porque implica también un horizonte ético – filosófico, un marco valorativo- que no dogmático – amplio, pero infranqueable -, y que se podría resumir en los principios básicos de Libertad, Igualdad, Fraternidad, Tolerancia, .. asunción de la Declaración Universal de DDHH como marco referencial que debe regir la convivencia y las relaciones sociales, etc.

Pero más allá de este amplio marco de referencia, debemos reconocer que la búsqueda de la Verdad, la Luz, o la Palabra Perdida – símbolos tan expresivos y utilizados en la retórica masónica – son un proceso individual: Nada mejor para expresarlo que la metáfora constructiva de “TRABAJAR – pulir, tallar, desbastar, cubicar…LA PIEDRA”, siendo la piedra bruta, la materia prima, cada masón individualmente considerado. También lo expresa la máxima “lo que haces, te hace”.

Sin embargo, existen significativas diferencias entre el método masónico y otros sistemas de autoesclarecimiento o mejoramiento personal :

1º) Esa labor mantenida y constante, aunque individual y personal, también se realiza, contrasta y depura en conjunto. De ahí que la cualidad de masón venga también definida por el resto de los hermanos, que así lo consideran. Es en el taller dónde las piedras en proceso de pulimento, se van ajustando y adaptando. El objetivo, no lo olvidemos, nos lo dice nuestra tradición simbólica, es construir un Templo. Y ese templo es la Humanidad. Es en la logia, decíamos, donde se ponen sobre la mesa, a debate y discusión, las propias ideas, creencias, valoraciones o “descubrimientos”.

2º) En esa tarea que se le presenta al aprendiz masón – y todo buen masón, no lo olvidemos, es un eterno aprendiz -, no hay dogmas, mantras, técnicas mentales ni corporales impuestas externamente al individuo. No hay caminos prefijados. No hay terapeutas, ni gurus, ni entrenadores, ni maestros a los que seguir o en quienes confiar.
Sólo hay una riquísima simbología – quintaesencia de saberes acumulados por distintas civilizaciones y culturas humanas – en la que trabajar, y una forma establecida, y tradicionalmente transmitida de hacerlo : un ritual. Algún pensador definía, creo que acertadamente, el RITO como la actualización, la realización efectiva del símbolo, su concreción espacio-temporal: Aquí y ahora, lo eterno.

No hay, decía, caminos trillados, no existe la comodidad de los senderos establecidos, de las verdades predefinidas. De ahí la grandeza, la libertad, del método. Y también sus dificultades.

3º) Sin embargo, aunque no hay caminos marcados, si existe una meta, un horizonte, un Norte : nuestra Estrella Polar, que se podría calificar, según la tradición de esta Orden, como la búsqueda de la Verdad y la práctica de la Virtud. Y el principio que lo fundamenta es que el Ser Humano, en su integralidad, es manifiestamente mejorable. Que nacemos sólo siendo potencia, y que de nosotros depende ser acto. Que el proceso de maestría abarca todas las dimensiones de lo humano: las funciones corporales, el intelecto, las emociones, las actitudes, valores, comportamientos, los estados de conciencia, la dimensión trascendente, interior y espiritual. Creemos en el progreso humano, en un sentido muy amplio, muy basto, muy profundo. El hombre es un proceso hacia la perfección, tanto en su dimensión interior como en su proyección exterior, ética, social. Tal vez sea otra metáfora masónica la que mejor lo exprese : buscar la luz para expandirla. Iluminarse para iluminar al mundo.

Pero, lejos ya la vertiente operativa de la que tan orgullosos debemos sentirnos y que tan bellas obras creó, la materia sobre la que se trabaja ahora no es otra que la propia persona, las herramientas no son otras que el intelecto, la voluntad y la intuición, las reglas no son otras que el rito y el símbolo.

Quiero hoy especialmente dirigirme a estos nuevos hermanos, recién iniciados, que decoran nuestras columnas, y que emprenden ese viaje personal a su propia Itaca. Quiero advertirles, por si también les afecta a ellos, de una dificultad que tuve que superar al comienzo de mi trayectoria masónica: aprender a dominar la impaciencia. Esperad, confiad en vosotros mismos. Muchas veces deseamos resultados inmediatos, apenas emprendido el inicio de nuestro camino como “aprendices” de filósofos. Cuando surjan las dudas, cuando os sintáis tentados de abandonar, esperad un poco más. Veréis como merecerá la pena. Veréis como se aprende más de lo que a primera vista pudiera parecer. Descubriréis como el fruto masónico es de maduración lenta, cómo; a través del continuo trabajo en logia, descubrís aspectos de vosotros mismos que no hubierais imaginado. Y descubriréis el valor de las aportaciones de estos Queridos Hermanos que fueron los pioneros en el establecimiento de la masonería liberal en Madrid.

Esperad, confiad, trabajad, para encontrar vuestra Itaca, para que vuestros Hermanos se sientan orgullosos de vosotros; para ser, cada vez más, dignos representantes de la Humanidad.

MAKEDA