El Lenguaje Universal para la Fraternidad Universal

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EL LENGUAJE UNIVERSAL PARA LA FRATERNIDAD UNIVERSAL

La música es el arte de producir y combinar sonidos de forma armoniosa, acordes a todos los elementos sonoros que sirven a la creación: ritmos, timbres, tonos, organizaciones seriales, armonías, melodías … Su término “música” proviene del griego “musikae” (de las musas), en su mitología las musas eran nueve y tenían la tarea de proteger las artes y las ciencias durante los juegos . La poesía y la danza en Grecia también estaban incluidos en la danza. La danza como el atletismo tenían, en época de Homero, su acompañamiento musical. En el siglo V aC, Atenas era un centro de poetas-músicos que tuvieron su mayor expresión con el ditirambo, en los cultos a Dionisio. Las Tragedias y Comedias eran obras esencialmente piezas músico-dramáticas. Poesía , música y danza se combinaban y las piezas eran representadas en los anfiteatros. Así la música es atribuida a los griegos; sin embargo, la música está desde el comienzo acompañando a los primeros chamanes en las ceremonias rituales. Para los Teósofos “ El Sonido puede producirse de tal manera que puede levantar la pirámide de Keops o hacer revivir a un hombre que se está muriendo” según se dice en el Tomo 2 de la doctrina secreta. En la masonería la música representa una de las siete artes liberales, simboliza la armonía del mundo y especialmente la que debe de existir entre los masones. A través de la belleza de los sonidos y de la armonía de los ritmos se llega a la sabiduría del silencio. La música es una construcción de carácter iniciático, de la piedra bruta del sonido a la piedra tallada de la nota. Los tres estadios que precisa la talla de la piedra los necesita el sonido:

La Fuerza, que habita en la densidad.

La Sabiduría, en su longitud o “Tempo”.

La Belleza, en su altura o frecuencia. Las notas deben de ser ensambladas para formar un edificio musical, es una construcción, una arquitectura, un “arte Real” que nos revela las leyes de la “Gran obra” que se nos muestra en tres etapas:

El Silencio, el vacío antes de la manifestación, es el estado de aprendizaje. El Sonido, es la manifestación, la toma de conciencia, el despertar del compañero.

La Melodía, la organización del sonido por el maestro. En la masonería la música está representada por la Columna de Armonía que es el conjunto instrumental designado a la ejecución de la música masónica durante las ceremonias rituales. Este oficio aparece a finales del reinado de Luis XV para referirse al conjunto de instrumentos que sonaban en las ceremonias: 2 clarinetes, 2 cuernos, 2 fagots y un tambor, estos hermanos artistas tenían el mismo derecho
al voto y estaban obligados en las ceremonias a contribuir con su arte. La Columna de Armonía aporta un complemento al ritual, es por tanto una música funcional, cuyo valor no depende de su valor intrínseco sino de su adecuación al sitio que se le designa.

La música es un lenguaje universal, que precisa y representa equilibrio y orden y que cuenta con la capacidad de promover las emociones. Es en este escenario, el de los sentimientos más nobles, que Federico Schiller, el Goethe de los humildes, de los atormentados, el precursor de Heine, había ejercido siempre gran influencia en la mente de Beethoven. El músico supo enlazar con el poeta su destino y del encuentro de dos artes tan supremas ha surgido “El himno de amor a la humanidad” que es como siempre debería llamarse la letra y la música de la Novena Sinfonía. Pero preocupados sólo por la sublimidad de la partitura escritores y público han obviado otras anotaciones importantes. La oda de Schiller “A la alegría” (And die Freude), cuyo verdadero título es “A la voluptuosidad” parece un himno arrancado a los Vedas o a los Eddas Sagrados, no siendo ya de extrañar que Beethoven la tomase como tema de inspiración musical par la más ciclópea de sus obras, dónde por primera vez en la historia del arte se hace elemento sinfónico a la voz humana. Voluptuosidad en lengua latina es más que alegría ordinaria, pues es Alegría Transcendente y pura, Voluptuosidad en lengua romance es algo bajo, casi obsceno … la primera es alimento de los místicos, pues equivale al éxtasis, amor trascendente, deliquio divino, la segunda es indigna hasta de los hombres. En palabras de Mario Roso de Luna , célebre autor y estudioso ocultista español, “Conviene no olvidar nunca, tratándose de asuntos elevados, que en todas en cuántas palabras de las lenguas neolatinas se hace referencia a los incomprendidos, conceptos filosóficos de la antigüedad sabia, ha sido sencillamente vuelto del revés su primitivo significado, para hacer verdadero aquel profundo aserto hermético de Blatvasky de que “los dioses de nuestros padres son nuestros demonios” … y por lo tanto todas aquellas palabras han de ser restituidas por es verdadero filósofo.

Séanos pues permitido el glosar la divina oda, oda al éxtasis más legítimo, el éxtasis único del Amor a la Humanidad así con mayúsculas:

– “ Oh, voluptuosidad, la más bella refulgencia divina, hija del Eliseo. Ebrios de emoción osamos penetrar en tu santuario cantando: Tu mágico efluvio anuda los santos lazos que el trato social, despiadado y cruel, osara romper un día … ¡ Todos los hombres son hermanos, todos son UNO bajo tú égida protectora!”
Y el coro contesta:

– ¡Miríadas de miríadas de seres que pobláis el mundo y pobláis sin duda los cielos sin límites: facetas innúmeras de un solo, único e inconmensurable Logos, yo os estrecho contra mi corazón! … ¡Un inmenso abrazo para el Universo entero!: ¡Hermanos, Hermanos míos, alegraos, todo se une y todo conspira al Santo Misterio, y aquí en nuestro ser y allá y doquiera tras la bóveda estrellada un Padre-Madre amante nos cobija a todos!…¡Que todo cuánto pulula en el ámbito de la Tierra y del Espacio rinda su homenaje a la simpatía del gran misterio teológico! … ¡Ella, en progreso sin fin, nos eleva hacia los astros PER ADSPERAAD ASTRA, dónde existen sin duda muchos más excelsos!” …

Como Krishna, como Buddha, como Jesús, como la misma Revolución Francesa, nuestros dos hermanos masones Schiller y Beethoven, unidos por el divino lazo de un arte sin fronteras, no han enarbolado otra bandera que la del dogma humano único: ¡ LA FRATERNIDAD UNIVERSAL! “

A ellos dedicaremos en los trabajos de hoy la audición ofrecida por nuestra modesta Columna de Armonía.

Ray Lorens